Probando

"Se ha perdido una idea del teatro. Y mientras el teatro se limite a mostrarnos escenas íntimas de las vidas de unos pocos fantoches, transformando al público en voyeur, no será raro que las mayorías se aparten del teatro, y que el público común busque en el cine, en el music-hall o en el circo satisfacciones violentas, de claras intenciones"

Antonin Artaud

Palabras de Milord "El animal de galaxia"

De entre todos los adjetivos que puedas encontrar en la vida, calzamos en todos, digo yo.  No obstante resulta que creemos lo contrario. Y así pasamos soñando nuestros pecados mientras caminamos los rutinarios pasos del día a día. Sí, nuestros pecados. Esos pensamientos que si quedaran al descubierto la vergüenza no se haría esperar.

Pero meditábamos sobre los adjetivos, de los calificativos siendo más concreto. Los usamos a diario pero con qué derecho. Hay veces que andamos diablos, otras como angelitos, inconscientes y conscientes en el recorrido de nuestra historia. Con qué derecho nos llenamos de arrogancia para sentenciar y determinar a las personas; a nosotros mismos.

Somos naturaleza y en ese orden estamos sometidos a sus leyes. Cambia, todo cambia decía Mercedes, y así cambiamos todos día a día, minuto tras minuto.

Para qué emitir criterio, juzgar y sentenciar a todo y a todos de lo que pensamos equivocadamente, alejados del orden natural. Pensamientos que condicionan el futuro a punta de fe. Nuestros pecados, y nuestros porque no hay quién se salve de ser hermosamente humano, adolecer de vicios y gozar de virtudes como para estar desapegado de su efímera arrogancia y diferenciarse de los demás. Ese es el pecado. Ese es el futuro que seguimos proyectando mientras sigamos criticando. Definitivamente le tememos al amor. 

Pero para qué nos sentencio, si al ser naturaleza tenemos determinado cambiar. Ni tú ni yo somos más especiales que la vida y cualquiera que sea la fe que proyectemos, jamás seremos intransformables frente a la pretenciones de la existencia. La existencia es buena y sólo ella decide que es correcto.

Deseos a la madrugada, egoístas.

Quiero dormir. No puedo.

El calor me atormenta pero sin causarme estragos. El sudor del cuello es consentido del inconciente si sopla un viento que le baje la temperatura. A veces las sensaciones se diluyen físicamente frente a la melancolía y felicidad de los recuerdos, pero insistimos en mantener el control  de las emociones. Me limpio el  sudor.

La vanidad me muestra el camino y en supremo acto egoísta mato de indiferencia al calor. Enciendo el acondicionador de aire y lo pongo al máximo. Lejos quedó el recuerdo de mis compañeros de cuarto, aquellos los siempre nototorios a la hora de dormir. La edad de hielo con ellos.

Después de tanta violencia, el sueño, la recompensa. Satisfacer los deseos con violencia permitió dormir mejor. Ojo, no soy violento.