Probando

"Se ha perdido una idea del teatro. Y mientras el teatro se limite a mostrarnos escenas íntimas de las vidas de unos pocos fantoches, transformando al público en voyeur, no será raro que las mayorías se aparten del teatro, y que el público común busque en el cine, en el music-hall o en el circo satisfacciones violentas, de claras intenciones"

Antonin Artaud

Facultades de poder en la literatura, vicio de la locución

Decidimos olvidar. Soltamos los recuerdos al olvido, lo hicimos. Ahora en el olvido suplicamos no ser olvidados tal cual lo hicimos.

La renundancia no necesita ser olvidada, asumiendo que tengo poder para hacerla valer, no con mantras, con conceptos. Los hechiceros dan lástima, aquellos que se tratan de justificar con esa frase de poder. Olvidamos también que eso también hicimos. Lo decidimos.

Valga la renundancia. No hay necesidad de usarla ahora.

Despiertos en la noche.

Mientras viva en guerra siempre vencerán. Vencido jamás encontraré la paz. Los niños crecen, los adultos envejecen; me cantaban. Duermo para despertar un día más. Sigo dormido.

Durante días busco a mis seres queridos. La visión que obtengo es clara, desbordando en los sentimientos felicidad. El escenario es real, nos pertenece. Son pensamientos de niños.

Despierto para dormir una noche más. No quiero estar despierto. Encontrarlos es tan extraño, según la obscuridad del día se presentan sus emociones. Me siento tan lejos de casa. Deja el llanto y piensa como adulto. Ya ha caído la noche, empieza la guerra.

Cuando volvió.

Un día. Veinticuatro horas. Muchos minutos. Muchísimos segundos. Y nada. Nada.

Aprendió a pensar y se olvidó de moverse. Aprendió a sentir y se olvidó de tocar. Aprendió a leer olvidando escribir. Aprendió a observar. Dejó de hablar. Eso lo decidió.

-"Tan sólo se extraña lo perdido y lo diste por perdido. Nunca se fue, sólo cambió. Ya no se trata de reflejos cuando hablamos de proyección. Te enseñaron a ignorar, a ser vacío. Tanto tienes y nunca lo pierdes. Decides extrañarlo"- dijo ante el espejo cuando lo coloqué frente a su mirada. Seguido cierra sus ojos, en seguida los vuelve abrir y nada, ya el espejo no funciona.

A la mañana siguiente había dejado sus cosas marchándose. Creo bien que la nada ya no habitaba en él.

Espejismos animales.

Enseñaba la gata maullando las ordenes de sus hormonas. Un lenguaje sencillo. Era obvio. ¿Costumbre o el llamado instinto?. No responderé.

Entiendo que sé lo que siento al admirar la circunstancia, el hecho, la realidad material que acaba de transcurrir; ahora, recuerdo. Ahora. Siempre en el ahora y siempre recuerdo.

¿Dónde estoy con mis recuerdos y aquella gata que maullaba?. Siento ahora, también recuerdo eso. Ahora está en el recuerdo. Y la gata.

Aunque lo sé, lo siento. Aquél recuerdo en el ahora. El saber está lleno de recuerdos. Lo que ahora sé es un recuerdo. Lo recuerdo ahora.

Recuerdo. Siento el vibrar del aire antes de oír el maullido. Al sentirlo lo recuerdo. Un lenguaje sencillo. Era obvio. ¿Recuerdo o la llamada intuición?. Que responda la gata.

Tres.

Hay mucha tinta en mi papel. Pocos son los espacios claros ya que las manchas lo cubren casi todo. Todavía queda algo que trazar.

Los espacios vacíos se mantienen. Las manchas tienen sentido en su compañía, no incomodan, ganando armonía el papel. Todavía hay claridad.
Son tres. Luces felinas de gran resplandor y grandes maestros de la paciencia y la contemplación. Nunca han manchado el papel.

Dedicado a mis hijos: Tomás, Totoro y Cometa.

Valientes desnudas en papel.

Extraño ante el espejo, alcanzó la vista atrapar la sonrisa que sostiene la cordura firmemente en cada pie. Sonriendo, chorrea la densidad de la niebla, vuelve la seguridad a la pluma y encuentra la mano el coraje de enfrentarse al papel; amando con la tinta.

Da vergüenza escribir y no son las críticas el doloroso obstáculo. Esas miradas nos las tatuamos como voces egoístas de los propios conceptos, las que transforman los sueños en semovientes de cualquier cosa que escupa inconsciente afecto. Se mendiga a manos llenas con palabras que son tendencia de cualquiera, vestidos rimbombantes de identidad ajena. Desnudos entre las líneas nos encontramos. Abiertos con los trazos de una caligrafía pura y personal, aceptándonos verdaderamente estamos. Dejemos de ser la dolorosa causa.

La sonrisa es el recuerdo de haber nacido. El espejo sólo escucha y cada uno se ha apropiado del relato. El reflejo, la expresión hecha carne, eres tú.

¿Quién eres?, preguntan el lápiz y los curiosos. Si responderlo es difícil entre líneas quizás te puedas encontrar. Si el dolor te encarcela, bien podrían los trazos liberarte.

Lo aprendí de Luisa, se lo enseñó Marcela.

Amanecer en San Valentin

Imagino las caricias, los besos, las miradas. Una lista interminable de personas se están tocando mientras sonríen. Algunos han sido invitados a pasar libremente, otros aprovechan la oscuridad y el silencio para ingresar al lecho de la sensualidad y el amor, saltando muros, esquivando a los padres, tapándole la boca en plena acción.

Es de madrugada. Hay quienes no pudieron esperar a que amanezca, prefirieron abrazar la promesa de amor en las primeras horas del día. Otros sueñan ser tocados al despertar.

Es día del amor, pero confundimos al amor con lujuria. El penetrarte parece un te quiero y mi orgasmo un te amo.

Mi amada duerme. Yo contemplo su tranquilidad queriendo imitarla, tratando de alcanzarla en lo profundo de sus sueños y despertar con ella para amar. Mis extremidades atan su cuerpo al mío y mi mente divaga en lujuria. Imagino las caricias, los besos, las miradas.